Veo desde mi ventana una pequeña estrella sola en mitad del vasto cielo. Sé que no está sola, porque más de una vez he visto el cielo desde un paraje donde el hombre era un extraño, y sus luces no contaminaban el fulgor de la noche estrellada. Pero imaginaos que una persona mira una y otra vez esa única estrella, cada noche, encerrada en el vacío. Al final terminaría por creer que está sola, y que no hay nada más a su alrededor.
Así nos ocurre a veces. Nuestros ojos están contaminados por el dolor, y no vemos a nadie a nuestro alrededor, nos creemos solitarios en un inmenso vacío de oscuridad. Al principio pensamos "no, esto no es así, hay estrellas a mi alrededor" Pero según transcurre el tiempo, terminamos por acostumbrar nuestra vista a la oscuridad, y ya no puede ni quiere ver las estrellas que nos rodean.
Porque no estamos solos. Nunca, jamás. No lo olvides.
martes, 19 de junio de 2007
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